Los simuladores son entornos formativos (no necesariamente tecnológicos) en los que los formados tienen la ocasión de aplicar sus conocimientos a la resolución de problemas prácticos, similares a los que se presentan en su entorno cotidiano de trabajo.
Su origen se encuentra en los entornos de formación de los pilotos de vuelo y sus fundamentos son muy similares:
Claridad de objetivos y replicación de circunstancias fundamentales del entorno real: el usuario aprende realizando tareas idénticas a las del trabajo cotidiano, disponiendo de la misma información y con objetivos claramente definidos.
Ausencia de riesgos: las decisiones que se toman (y, por tanto, los errores que puedan cometerse) afectan sólo al entorno del curso, permitiendo explorar posibles soluciones alternativas sin riesgos para el negocio y con la posibilidad de aprender de dichos errores, circunstancia muy difícil de replicar en el puesto de trabajo habitual.
Interactividad: la consecución de los objetivos se logra a través de la realización de tareas más o menos complejas que obligan a tomar decisiones y a actuar según sus consecuencias.
El entorno de trabajo puede estar completamente informatizado (igual que en los simuladores de vuelo de los pilotos) o puede ser una aproximación «física» al mundo real (por ejemplo, casos de negocio, juegos ), si bien cuando hablamos de simuladores de negocio en este contexto, generalmente el entorno cuenta con todos los elementos de apoyo (informáticos y no informáticos) para el desarrollo del trabajo en el escenario simulado.
El objetivo, como ya se ha mencionado anteriormente, es crear métodos educativos que aprovechen la potencia de estas formas «naturales» de aprendizaje. Estos métodos están en consonancia con el nuevo paradigma en la educación ya expuesto y dejarían a un lado el tradicional «modelo de transferencia», también llamado de «esponja».
La gran ventaja de este tipo de entornos es la alta similitud con el mundo real, con lo que se producen aprendizajes ready to job, muy cercanos al trabajo en el mundo real. El alto grado de interacción fomenta que se «aprenda haciendo» método que constituye una de las vías fundamentales de aprendizaje en los adultos.
A la hora de diseñar un entorno de formación como el descrito es conveniente entender cómo aprendemos. Existen cuatro circunstancias fundamentales en las que se desencadena el proceso del aprendizaje:
1. Fallo en las expectativas. Ocurre cuando algo inesperado sucede y nos preguntamos el porqué de un determinado fenómeno o acción. Cuando esto ocurre nuestro conocimiento —que se estructura en la memoria en forma de «guiones»—se transforma produciéndose aprendizaje.
2. Motivación interna. Ocurre cuando, por cualquier causa, tenemos interés por un tema en concreto. En estos casos la persona quiere aprender algo y utiliza su motivación como motor fundamental de aprendizaje.
3. Motivación externa. Unas circunstancias concretas nos obligan a aprender sobre un tema en concreto («tengo» que aprender algo). Con este tipo de aprendizaje se crean nuevos «guiones», por contraste o por reestructuración de los guiones existentes.
4. Aprendizaje accidental. Ocurre cuando aprendemos algo sin darnos cuenta. La información adquirida de esta forma se aprenderá realmente si somos capaces de recordarla e incorporarla a nuestros esquemas de conocimiento. Esto nos lleva al mismo lugar que el punto anterior.
Fuente: “La tecnología al servicio de las personas –e-HR” Carlos Pelegrín Fernández López- 2004 Pearson – PrenticeHall-Biblioteca aedipe de Recursos Humanos
You put the lime in the coconut and drink the aritcle up.
Traducción:”Tu pones la lima en el coco y bebes el articulo”